Dialéctica de Hegel

Facultad de Filosofía y Letras – UNAM

Autor: José Luis Barbosa

Georg Wilhelm Friederich Hegel

Hegel es el representante de la dirección idealista, su vida transcurre en pleno periodo del romanticismo, por lo que es un hombre de su tiempo y parte muy a menudo de la atmósfera de ese periodo. Su filosofía está dedicada a encontrar un método que explique el movimiento, quiere responder al hecho móvil de la realidad física y espiritual. En ese sentido, considera que el método dialéctico puede explicar un mundo en movimiento y el movimiento mismo del mundo. La dialéctica, como método dinámico, responderá a la dinamicidad característica de los pensamientos, las tendencias espirituales y culturales de los hombres. Para Hegel, de la oposición de dos términos surgirá un tercer término que reunirá los dos anteriores para adquirir sentido y dar lugar a una nueva realidad o concepto. Cualquier término o ente físico, espiritual o moral, contiene en sí su propia negación; sin embargo, no es una negación definitiva sino un paso que nos conduce a una síntesis enriquecida por la presencia de los dos contrarios. En este sentido dialéctico, es una filosofía del movimiento y de la acción en la lógica, la naturaleza y en el desarrollo del espíritu; piensa encontrar en un principio superior la unión de los opuestos y la estabilidad última de todo lo que se mueve. La lógica se inicia con un examen del ser, como una especie de vacío que se niega a sí mismo y nos hace pasar a al no-ser. Es decir, la tesis del ser nos ha conducido a la antítesis del no-ser. Al analizar el no-ser, encontramos que también se niega y nos remite nuevamente al ser; sin embargo, Hegel saca de esta contraposición un nuevo concepto, una síntesis que contiene a los dos conceptos opuestos, éste es el concepto del devenir. El devenir, es el concepto de aquello que transita, pasa y se altera, por lo tanto, implica ser y no-ser. De esta manera la filosofía de Hegel es concebida como un enriquecimiento progresivo, es decir, un progreso cada vez más lleno de contenido, es un progreso espiritual. El ser inicial y vacío se va llenando de contenidos a medida que pasamos al mundo natural y, más allá de él: al espíritu. El espíritu absoluto es el ser enriquecido con todos los contenidos y momentos de la evolución. En la filosofía Hegeliana, la lógica constituye la tesis de la totalidad donde se presentan los esquemas ideales de la realidad; la naturaleza es la antítesis, es decir, la manifestación real y concreta de lo que en la lógica era un esqueleto ideal; y el enriquecimiento del espíritu como síntesis de ambos conceptos. El enriquecimiento del espíritu que se va dando de lo elemental a lo complejo constituye la filosofía del espíritu. Primeramente, el espíritu subjetivo está representado por el hombre individual, es el espíritu “para sí”. En su nivel más elemental es lo que Hegel llama “alma”, que participa todavía de los hechos naturales, es un principio de vida más que un principio inmortal. Si el alma natural crece hasta realizarse como sentimiento de sí, progresa más todavía cuando es conciencia. Percepción, entendimiento y conciencia de sí, van construyendo la espiritualidad del espíritu; Hegel concibe el espíritu como una síntesis del alma y de la conciencia. Pero el espíritu subjetivo no se realiza plenamente porque el individuo solitario es inconcebible, el hombre vive en sociedad y necesita de ella no sólo para vivir sino para realizarse con mayor plenitud. El desarrollo de la sociedad, de lo más primitivo a lo más complejo, es decir, de lo más natural a lo más espiritual, constituye la filosofía del espíritu objetivo. Es la manifestación de la divinidad y espiritualidad en el reino humano; se manifiesta primero bajo la forma del derecho, donde se da la propiedad por la necesidad humana de poseer, se da un contrato social donde se renuncia al libertinaje individual para garantizar la libertad racional. Pero la persona humana encuentra su realización libre y subjetiva en la moralidad, cuyo fin es la felicidad de los individuos. En este punto Hegel piensa que el verdadero sentido de la moral se encuentra en las diversas formas que conducen al Estado. La primera de estas formas, la más natural y la menos espiritual es la familia; la segunda es la sociedad civil, que es el espíritu formado por las múltiples personas que constituyen cada familia. En el lenguaje de la dialéctica Hegel decía que el Estado es la unificación de la voluntad general y de la voluntad subjetiva. Por otra parte, solamente en el Estado es donde la educación puede adquirirse, el Estado representa al espíritu objetivo y toda educación conduce a que el individuo no siga siendo algo subjetivo, sino que se haga objetivo en el Estado. El hombre debe todo cuanto es al Estado, sin embargo, el Estado no absorbe toda la personalidad del educando, sólo hace que ésta se desarrolle dentro de su marco. El hombre tiene que hacerse así mismo lo que debe ser; tiene que adquirirlo todo por sí solo, justamente porque es espíritu; tiene que sacudir lo natural. El espíritu es, por tanto, su propio resultado y encuentra en la educación el medio para espiritualizarse. Nuevamente distinguimos diversas formas por las cuales transita la educación, en primer lugar está la infancia como el periodo en que el sujeto está en paz consigo mismo y con el mundo, vive en concordia con las personas y las cosas. Considera que la pedagogía del juego es una auténtica falsedad, insiste en la disciplina rigurosa que no deje actuar a los niños según su voluntad y en el carácter necesariamente abstracto de la instrucción para alejarlos inmediatamente de toda referencia a las cosas sensibles. En segundo lugar está la adolescencia, que es dónde se pierde esa paz porque el joven tiene la tendencia de oponerse al mundo. La paz que se había perdido, se recobra en la adultez porque el hombre considera el orden ético del mundo no ya como algo que debe ser producido sólo por él, sino como algo ya completo en lo que es lo esencial. La educación es conquista por parte del individuo de lo que el espíritu universal ha conquistado y realizado ya, es el proceso mediante el cual el espíritu individual se eleva hacia la autoconciencia, o mejor dicho, la conciencia absoluta. Pueblos e individuos tienden al infinito, por el espíritu absoluto el hombre alcanza su plenitud, es la realidad máxima del hombre y del mundo, un progreso que es sobre todo crecimiento interior. El primer paso de este progreso es a través del arte, que va desde las artes más naturales o simbólicas, a las artes más espirituales o románticas, pasando por las artes clásicas. Hegel consideraba la poesía como la expresión máxima de las artes y como una tendencia a la religión; Cristo como representación de Dios hecho hombre y los evangelios como revelación de Cristo, constituyen el momento más alto de la religión revelada. La religión así revelada representa una forma elevada de espiritualidad; sin embargo, no es la forma espiritual definitiva. Para Hegel, la fe no es apta para desarrollar contenido, es insuficiente y solamente tiene sentido cuando la explica la Razón (reserva la palabra Dios para el objeto de la fe e Idea como objeto del pensamiento absoluto). El Dios racionalizado de Hegel, es el Dios que se piensa a sí mismo. En la lucha ancestral entre la fe y la razón, Hegel se inclina por la razón, pues es ella la que termina por dar sentido al mundo. De esta manera encuentra en la filosofía la plenitud de la razón y la cúspide de su investigación; la filosofía suprime todo conocimiento sensorial imaginativo o figurativo, es autorreflexión y reflexión sobre la razón, el absoluto, la idea -que también llama Dios. En el principio el ser estaba vacío de contenidos, mientras que ahora el espíritu absoluto es la totalidad de los contenidos que nos han llevado de la lógica a la naturaleza, de la naturaleza al espíritu y, dentro de este creciente espíritu humano, del espíritu subjetivo al objetivo y de éste al espíritu absoluto. De esta manera queda cerrado el círculo, porque la filosofía de Hegel es cíclica, con su filosofía pretende no sólo dar solución posible a los problemas del hombre, sino dar una solución definitiva, como última síntesis de la historia en la que vienen a desembocar las filosofías, las creencias y las formas artísticas del pasado. En este sentido se presenta como la síntesis, la summa de los tiempos modernos.

Obras consultadas:

Xirau, R. (1975). La síntesis hegeliana. El desarrollo y la crisis de la filosofía occidental (pp. 116–128). Madrid: Alianza editorial.

Störig, H. J. (2000). IV. Hegel. 1. Vida y obras principales. 2. Carácter general de la filosofía hegeliana. El método dialéctico. 3. La construcción de la filosofía en tres estadios. 4. La Historia. Historia universal de la Filosofía (pp. 507–519). Madrid: Tecnos.

Abbagnano, N., & Visalberghi, A. (1987). II. La filosofía del romanticismo. 12. Hegel: Los principios de su Filosofía. 13. Hegel: Lógica y Filosofía de la Naturaleza. 14. Hegel: La Filosofía del Espíritu. 15. Hegel: La pedagogía. Historia de la Pedagogía (pp. 457–464). México: Fondo de Cultura Económica.

Luzuriaga, L. (1997). La Pedagogía idealista. Fichte, Hegel, Schleiermacher. Historia de la Educación y la Pedagogía (23.a ed., p. 197). Buenos Aires: Losada.

Xirau, R. (2005). La síntesis hegeliana. Introducción a la historia de la filosofía (13.a ed., pp. 335–353). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

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